martes, 4 de junio de 2019

Proyecto USIA. Sobre las ruinas de las civilizaciones

Su nombre era Gaspar Alonso Zobral; un mozalbete recién asomando la nariz existancial al mundo de los adultos luego de una turbia adolescencia prolongada al extremo. Por eso no estamos diciendo que Gaspar transite la década de los veinte, ni de los treinta… Tiene cuarenta y dos en realidad, pero dado estos tiempos,  no es cosa infrecuente considerarlo como un joven posadolescente.
Había heredado una fortuna sideral gracias a la empresa que fundara su padre; y lo mejor no era precisamente la fortuna, sino la capacidad de la firma para continuar generando ganancias, por  muy escasa atención que se le prestara a su gerenciamiento.
En esa tarde de abril, con cierto nerviosismo, el magnate aguardaba la reunión girando rítmicamente sobre su silla ubicada en el centro de la mesa semicircular. Los demás miembros iban acomodándose de a poco, en la misma medida en que  corroboraban la accesibilidad de sus lugares para observar la gigantesca pantalla desplegada frente a todos.
Era una reunión de ocho personas (descontando a Gaspar) convocadas desde diversos puntos del cosmopolita orbe posindustrial. Estaban Matthias Von Mühlenen, un prominente médico de unos de los centros más avanzados de Europa; Kasumi Takahashi, técnica de la sede de Investigación sobre energía alternativa de Tokio; Martín Zapata, reconocido filósofo lationamericano;  Grace Marshall, socióloga de la Universidad de Oxford; Linda Uribe, experta en  Comunicación de la Universidad de Los Andes,   Jawahar Bansal, Ingeniero de la India; Miguela Miranda, bióloga del Conicet Argentina.
El propio señor Alonso se había encargado de seleccionarlos y congregarlos para dar curso a su cometido.
A pesar de que habían trascurrido algo poco menos de una década desde aquellos desafortunados eventos protagonizados por él, la opinión pública todavía no se sentía muy segura sobre su proceder, y seguía con desconfianza los pasos que Gaspar hacía para concretar su propuesta. Él había convocado a organizaciones no gubernamentales, fundaciones, centros de investigación, empresas, particulares…, a presentar proyectos tendientes a contribuir a la resolución de los innumerables problemas sociales que erupcionaban en cualquier momento y en cualquier lado del planeta: revueltas populares, asesinatos estratégicos, ataques terroristas globales, violencia generalizada, masacres protagonizadas por niños y adolescentes, y –lo que estaba preocupando seriamente al interior de todas las familias- una ola de suicidios de adolescentes entre los veinte y treinta años.
El octeto allí presente tenía la función de evaluar las propuestas a fin de decidir por la más oportuna y viable, la cual sería financiada por el magnate para su concreción.
__Señores, gracias por venir… __el anfitrión dio de este modo comienzo a la reunión__. Sé que todos ustedes han estado estudiando minuciosamente los proyectos propuestos. Como verán… hay para todos los gustos. Recibí sus votos, y en base a ellos, efectué una preselección de cuatro, cuyos ideólogos vendrán hoy para realizar en vivo la presentación de sus planes, con el objeto de poder interactuar  con ellos, analizando detalladamente las aristas de sus ideas, evacuar dudas… y hasta cabe la posibilidad de combinar proyectos, pues esto no es un certamen para otorgar un premio a la mejor idea, sino poner por obra algo que empiece a cambiar el preocupante ritmo social en el que nos hallamos…
“Repaso el nombre de los proyectos y vamos a comenzar con las presentaciones de inmediato. La primera se denomina “Centro de Investigación neuro-científico de patologías de la conducta social”, sigue el “Polos de Terapia Holística Oriental”, luego la  “Propuesta Educativa sobre control de agresión” y, para finalizar, el Proyecto USIA… Antes de que los veamos a todos, quisiera aclararles algo con respecto a éste: es sin lugar a dudas el más complejo y ambiciosos… Todos ustedes me consultaron  sobre la viabilidad económica para su implementación… pues sólo les diré que no piensen ello: estoy seguro de que… se podrá conseguir. Lo importante es su factibilidad técnica y la pertinencia de la proposición en sí.
“¡Bien!… Si todos están de acuerdo, llamaremos a la representante de la fundación que propone la investigación neuro-científica…
Sin mediar si quiera una sílaba más (la economía de palabras era una característica común entre semejantes eminencias), dieron entrada a la quincuagenaria doctora Prat, neurocientífica, representando a la Fundación Internacional Pro Salud Mental.


Había un motivo más que bien fundado para que la opinión pública se mostrara renuente a creer que aquel rostro rubicundo, notablemente mezquino de expresiones, se hubiera transformado en un super-archi-millonario filántropo, y dicho motivo podría ser mentado como “su pasado”.
Los primeros años de Gaspar se constituyeron en una vorágine infernal de drogas, excéntricos placeres, intentos de suicidios varios, y un extenso desfile de internaciones provocados por sus largos y periódicos  cuadros depresivos.
Para agravar la situación, la pujante compañía familiar lo hacía notorio en grado sumo, por lo que todos los medios de comunicación seguían paso a paso (como si no hubiese cosa mejor de la que hablar) toda la tragedia de sus días invertidos en hacer el amor a la muerte.
A sus veinticinco años la muerte de su progenitor lo dejó definitivamente huérfano… Archimillonario y huérfano. Madre no tuvo nunca, nació de vientre alquilado y óvulo extraído de un banco. De allí que su belleza y su inteligencia fuera una cuestión planificada, programada, diseñada por los expertos a quienes acudió el ingeniero Alonso Zobral para producir su hijo.
Si fuera a causa de su origen incierto, si por la falta de presencia parental -Gaspar fue criado por empleadas-, si por el excesivo bienestar caído en cascadas del cielo, si por la ola de suicidios de adolescentes  liberada al descontrol, lo cierto es que a lo largo de treinta años el joven tuvo diez intentos de suicidio.
Pero lo más mediático de su trayectoria no fue precisamente este incesante ir y venir desde la delgada línea divisoria entre la vida y la muerte, sino un episodio sumamente histórico que ocupó la primera plana de noticieros, programas, debates, redes sociales, diarios y revistas editados en todos los formatos tecnológicos disponibles, a lo largo y ancho de un intenso año; se trató del encuentro de Gaspar con sus dos “madres”, es decir, con la dueña de la mitad de su identidad genética y el vientre que lo hizo gestar durante los nueve primeros meses de su existencia.
Luego de su séptimo intento de suicidio, el millonario tuvo como un remanso de estabilidad emocional en el que aprovechó para llevar a cabo el único plan que hasta el momento ocupara la agenda de sus días: contactarse con todos los responsables de su origen.
Con el padre ya fenecido,  gracias a una fuerte inversión en investigadores y  a los recursos tecnológicos que le ofreciera la propia empresa, dio finalmente con ambas mujeres, a pesar de los eficaces resguardos de  identidad que las agencias de concepción garantizaran a los usuarios.
Las damas en cuestión, a pesar de todos los documentos firmados, accedieron a un más que público  encuentro con “el hijo”, esperando sin dudas sacar alguna jugosa tajada de la feliz situación.
Miles de cadenas televisivas ofrecieron fortunas para tener la primicia y exclusividad de la conmovedora reunión de Gaspar y con sus “madres biológicas”. Finalmente, el empresario seleccionó para el evento un famoso programa de chimentos que ocupaba la programación de las seis de todas las tardes de las amas de casa del país. Pero sería repetido por cientos de cadenas informativas nacionales e internacionales, redes sociales y demás medios de comunicación en cada punto del planeta.
La preparación  comenzó  cuatro meses antes del encuentro, destinados a una sustanciosa “previa” que mantuvo ocupado a una sociedad entera ávida de los intríngulis de los famosos (y más famosos si se trataba de millonarios). La misma consistió en una serie de entrevistas a cualquiera que estuviera aunque más no sea muy referencialmente involucrado, de temas de debates con especialistas y no tan especialistas, de comentarios diversos explotando las redes, de tal suerte que todos hablaban del tema, con un interés siempre en alza, agostando las diversas vertientes imbricadas en la cuestión.
Comenzó con el asedio de los bancos de óvulos, pues, como era de esperarse, el suceso hizo tambalear la premisa básica del negocio: la confidencialidad. Los directores y dueños de los mismos no dudaron ni un minuto en agremiarse y presentar demandas para evitar la publicidad del acontecimiento. Ante la infecundidad de sus acciones legales, realizaron una inútil campaña de desacreditación del hallazgo de Gaspar: con argumentos más o menos lógicas, acusaron al susodicho magnate de fraude, negando que realmente exista la más remota posibilidad de haber violado la privacidad con la que se manejan estos temas.
En realidad Gaspar había conseguido verificaciones fidedignas, mas no fue necesario colocarlas en el tapete para sopesar la argumentación de sus rivales. Simplemente, la sociedad quería que esas mujeres cincuentonas fuesen efectivamente las madres del millonario, por lo que muy poca importancia se dio a sus detractores, por muy atinadas que fueran sus presentaciones.
Cuando este debate obtuvo muestras de cierto aburrimiento en las personas, los comunicadores sociales pasaron a los entuertos legales y éticos sobre el tema. ¿Estaban autorizadas estas mujeres para entrevistarse con el hijo hallado? Los contratos respectivos hacían referencia a la imposibilidad de ambas en ubicar al fruto de sus entrañas y exigir derecho alguno; mas el hecho que fuese el propio hijo quien las contactara hacía caer al acontecimiento singular en el vacío legal. Por parecer inaudito e imposible, simplemente no estaba contemplado en la legislación.
Posteriormente tocó el turno del desfile de testimonios que exponían sus experiencias cercanas a algunas de las que estaban en cuestión: parejas que habían concebido su prole bajo este tipo de tratamientos, mujeres anónimas que con el rostro tecnológicamente borrados frente a las cámaras desnudaban el mundo de sus intimidades que las llevaba a donar (o vender) esa célula tan valiosa –como es el óvulo-, o a portar embarazos cuyos resultados no les pertenecerán de ningún modo…
Ante la cercanía de la cita, las pantallas de TV y los invisibles tejidos virtuales del espacio cibernético fueron atosigados por las historias de Nancy (la donante) y de Abigaíl (el vientre alquilado). Ante los millones de oídos que seguían con cierta morbosidad el hecho, ambas confesaron sus terribles traumas por saber la suerte de sus genes (en un caso), y de su cuerpo (en el otro), y  las expectativas porque de la reunión resulte alguna suerte de relación que permita sanear los reclamos de una conciencia maternal atormentada.
¿Quién podría llegar a considerarse más “madre” (siempre en sentido biológico) de las dos? ¿Habría más “hijos” de estas mujeres,  hipotéticos sujetos que pasarían a ser en cierto sentido “hermanos” de Alonso Zobral? Si este millonario habría logrado saber lo que supuestamente era imposible, ¿podrían los otros miles de hijos generados bajo los mismos medios o medios similares, indagar sobre su origen?… fueron las preguntas a quien nadie se negó responder.
Hasta se discutió sobre la posibilidad de convertirlo en “derecho” de los “hijos” (que según las estadísticas se habían convertido en casi millón en la línea de los veinte a treinta años); y aún antes de resuelto el debate, varias agencias de investigación realizaron una promoción ofreciendo su servicio en este campo específico. Se vio entonces la necesidad de legislar teniendo en cuenta a un sujeto que hasta el momento estaba invisible (o en formación, más específicamente): “el hijo”.
Ciertamente, en este campo sólo se agitaron las aguas sin resultados positivos ninguno, pues la verdadera expectativa se reconcentraba en los aspectos más emotivos del encuentro.
El único que permaneció  con labios obstinadamente cerrados sobre el particular fue  el propio Gaspar. Periodistas, paparazis, conductores de programas, entre otros comunicadores, intentaron de mil ingeniosos modos sacarle al menos una palabra al respecto. Nada, nada en absoluto, ni siquiera un timorato tweet. Nada.
Por fin llegó el momento tan anunciado y preparado. Fue un especial de tres horas: en la primera, se presentaba la donante, se recogían los innumerables mensajes que enviaban los particulares al programa, estableciéndose una fluida comunicación entre Nancy y el público. Luego se hizo lo propio con Abigaíl. Y como es de suponerse, la tercera parte estaría destinada al clímax del suceso: el encuentro en sí.
Esa tarde no sólo las amas de casa estaban prendidas al televisor como si nada más existiese, sino todo el mundo en realidad. Casi como un final en el mundial de futbol. Los bares, centros comerciales y demás espacios de esparcimientos duplicaban en sus pantallas los rostros congestionados por la emoción de ambas mujeres.
Gaspar llegó puntual al programa, y ayudado por sus guardaespaldas, evitó la pesada avalancha de noteros y paparazis que hacían llover hacia él los micrófonos con la esperanza de sacarle aunque más no sea una palabra. Y una palabra (una frase, para ser más específicos) lograron:
“__Permiso, por favor… permiso.”
Durante los minutos en que su inexpresivo  rostro transitó la salida del vehículo a la entrada del canal, se entretejieron miles de conjeturas sobre lo que resultaría del encuentro.
Cuando las cámaras del programa enfocaron su ingreso al mismo, en medio de una espectacular cortina musical, esbozó por fin una  ligera sonrisa, la que luego sería multiplicada al millón para la interpretación de los peritos.
Luego avanzó seguro hacia el lugar previsto. Se tomó su tiempo (un tiempo respetado por las cámaras que seguían hasta los ínfimos detalles de sus tacaños gestos) para mirar a sus madres en profundidad, y adueñándose en absoluto de la escena, vale decir, sin responder a las pautas sugeridas por  la conductora del programa, en total contravención a lo convenido, declaró:
“__Durante mis largas estadías peleando en las sombras de la semiconciencia he elaborado este momento tan soñado para mí. En vida de mi padre tuve oportunidad de sincerar mis sentimientos con él. Les tocó el turno… Lo que desde que tomé conciencia de lo que significaba ser hijo sin madre, fruto de la tecnología antes que de la naturaleza, he querido decirles que ustedes son unas verdaderas putas por negociar con la sexualidad. __Por el leve temblor de su labio inferior tal vez pensó en terminar la frase allí, sin embargo continuó __: Si han aceptado ser parte de la investigación y realizarse las pruebas pertinentes, si atendieron a mis solicitudes y colaboraron activamente con los investigadores no es porque de repente les brotara un tardío instinto materno que supongo no lo habrán tenido jamás, sino porque especularon con la posibilidad de algún beneficio que yo pudiera otorgarles… o por lo menos gozar de unos cuántos minutos (días en realidad) de fama. Bien, me he dado con el gusto de decir lo que siento. Odio mi vida gracias al puto padre que tuvo la mala idea de fabricarme, y de ustedes que aportaron de sí algo tan insignificante como una célula, o un vientre, cuyas huellas, lamentablemente, llevo grabadas en mi identidad. Ustedes aventaron al acaso los desperdicios de su femineidad, y de allí yo soy lo que soy. Con genes cuidadosamente seleccionados, inteligente, capaz, bello, sano,  fuerte… Todos podrían preguntarse de qué me quejo… pues precisamente de eso… que me hayan fabricado y condenado a vivir.
Sin dar lugar a reacción alguna, se levantó intempestivamente, para retirarse del lugar, retornando a su más habitual silencio con respecto  al hecho.
La conductora no en vano se dedicaba a ello.  A pesar de la sorpresa, de la rotación inesperada que Gaspar había impreso en el programa, lo continuó aprovechándose del desconcierto de las progenitoras, girando en torno al tema sobre si era lícito hacer la extensión del concepto “puta” a la situación tanto de Nancy como de Abigail. Y así cubrió no sólo una, sino tres horas; y el tema rondó  por los medios, con exclusividad, al menos durante quince días más.
Y el debate mediático lejos de culminar allí, continuó con una larga serie de foros abiertos. ¿Por qué Gaspar habría expresado no sólo dolor sino más propiamente resentimientos en el hecho que su nacimiento fuese más gracias a la tecnología que a la naturaleza? ¿Qué desventaja podría representar ello, cuando hay millones de niños que nacen naturalmente, sin ser deseados, y arrastran un destino peor? ¿Por qué se quejó de que lo programaran con las mejores dotes si eso es precisamente el sueño de cada mortal que respira en este común planeta circular? ¿Estaba la ciencia al alcance de prever todas las consecuencias de sus posibilidades?
Las diversas corrientes de pensamientos, que por entonces pululaban, se enfrentaban en cada veta colocada en el estrado por los comunicadores sociales. Las corrientes ambientalistas sacaron provecho del uso que Gaspar le diera el término “Naturaleza”, las voces religiosas y “eticistas” tampoco desaprovecharon la oportunidad. Pero el clan científico también tenía lo suyo para decir: muchas parejas e individuos, gracias a la tecnología, pudieron hacer realidad sus sueños de ser padres, ser padres de hijos sanos y bien dotados, cuando no abiertamente superdotados. Si estos hijos eran felices o no ya no se trataba de un asunto científico. Propiamente hablando, no habría razón para no serlo. Y por otro lado, esa gran y profunda queja contra la vida la manifestaban un sinnúmero de jóvenes, indistintamente del mecanismo por el que hubieren nacido; es más, por lógica se debería deducir que la mayoría lo hicieron “a la antigua usanza”, con padres biológicos que los fecundaron durante alguna relación sexual, fueron gestados por el vientre de la misma que los concibió, y nacieron. Luego será el papel de la crianza, la educación, los vínculos, la cultura… y todo lo que las ramas de las  ciencias sociales quisieran añadir.
Lo cierto es que, ajeno a todo el calor del debate por él mismo protagonizado, Gaspar retornó a sus angustiosos cuadros depresivos.
Y de no haber mediado esa singular llamada a su celular, no habría llegado a los cuarenta y dos, edad que cuenta al presente relato.


__Mi nombre es Alexia, no nos conocemos personalmente, pero deberíamos hacerlo…
Gaspar a duras penas podía pensar recortando la conciencia de la somnolencia que la medicación lo produjera. Quiso cortar la comunicación. ¡Todo el mundo quiere contactarse con él! Por los más diversos motivos… Mejor dicho, siempre es un único motivo expresado en mil pretextos: interés.
La mujer continuó hablando sin hacer caso  del profundo silencio del magnate. Este, por su lado, iba y venía en sus vahídos de sueños (pesadillas en realidad), apresando una palabra entre cientos, intentando con dificultad seguir el hilo del discurso. En eso comprendió algo que le llamó la atención:
“__Quiero que te quede absolutamente claro que no te voy a cobrar esta terapia, ni  en plata ni en favores. Puedo firmarte cualquier documento que quieras en donde renuncio voluntariamente a retribución alguna por mis servicios profesionales…”
Los sopores de la medicación le impidieron cuestionar, objetar, replicar, indagar en algo la oferta. Cuando menos lo pensó, esta decidida mujer se le apersonó en la clínica y estuvo a su lado, avanzando con sus propósitos, acompañada de un hombre pulcramente trajeado; se trataba de un escribano, quien le leyó la cesión de derechos a percibir beneficio alguno por parte de  Alexia Hünter, psicóloga matrícula Nº 216.158, por el tratamiento que ofreciera al señor Gaspar Alonso Zobral. La mujer y el escribano firmaron, y luego dejaron el documento en la mesa de luz del convaleciente, quien todavía no daba la menor señal de adhesión (ni siquiera de comprensión) de lo que sucedía alrededor de él.
Alexia retornó al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente… y al siguiente, sin lograr ni una confirmación ni una negación al tratamiento. Cerca de recibir el alta médico, Gaspar le dio su okey con una invisible sonrisa sarcástica en los labios. Invisible y todo, Alexia le replicó de modo igual.
Si es por psicólogos y psiquiatras, Gaspar los  tenía más inconmensurables que sus propias aventuras amorosas. Fue decidido a desarticularla en su primera sesión.
Alexia lo esperaba, y precisamente esperaba que la cita fuese así. Para comenzar, lo impropio de un psicólogo, fue la misma mujer quien le refirió su historia.
__Seguramente vos venís acá para que yo te escuche. Pero no, no va a ser así. Vos vas a tener que escucharme a mí.
Era la segunda sorpresa que se llevaba con respecto a esta mujer, siendo la primera  el ofrecimiento sin cargo de la terapia.
El millonario amagó desplegar los labios para decir algo, pero Alexia lo bloqueó con un murallón de palabras.
__Si no tienes ganas de vivir, no hay terapia que pueda otorgártela. Mi propósito es tan sólo compartirte mi propia agonía, muy similar a la tuya. Mi nombre verdadero es Isabel Scüller, cuyo caso fue casi tan público como el tuyo. Mis padres biológicos eran una pareja formalmente constituida, y en realidad no tenían ningún motivo para no hacerme nacer del modo natural. Sólo que ellos querían asegurarse tener un hijo con cualidades especiales, un hijo superdotado. A tal propósito seleccionaron cuidadosamente los genes tanto maternos como paternos, de un banco especializado, lo fecundaron y lo implantaron en mi madre, esperando que la niña en cuestión a los diez años descubriera el tratamiento contra el cáncer, a los doce solucionara los problemas ecológicos de contaminación del agua, y a los dieciséis diseñara vehículos con energía alternativas. Los primeros años fueron de oro, en ese sentido. A los nueve me gradué de la escuela secundaria y a los doce me di a la fuga. Desaparecí. Utilicé mis dotes para borrar mis registros, cambiar de identidad, sobrevivir sin padres, emigrar y estudiar lo que realmente deseaba. Vivo ocultándome, tratando de no hacerme notar. Aquí me ves, como una simple psicóloga con un pasado desconocido. Nada raro para la época.
__¿Por qué no cumpliste con tu destino?
__Por el mismo motivo que vos. Porque es un destino forjados por otros. La Naturaleza es gratuidad, fortuna o suerte: si te ha dotado de inteligencia o de habilidades artísticas, o de nada en particular, es una cuestión de buena o mala suerte, pero al menos ella no tienen ningún interés particular.
“El duelo contra la vida es una historia muy frecuente entre nosotros, y se expresa de mil modos: las estadísticas hablan de un promedio de un intento de suicidio por minuto, de los cuales, siete de cada diez son protagonizados por adolescentes entre veinte a cuarenta años… Y de hecho que de todos esos jóvenes, una minoría muy insignificante se trataría de “hijos tecnológicamente concebidos y/o gestados”. En otras palabras, el odio a la vida no sólo nosotros lo llevamos a cuesta: es un problema cultural, un subproducto  no deseado de nuestra forma de vida.
__Lo diferente es que nosotros tenemos rostros concretos a quienes reclamar el descontento. Uno que nace naturalmente, que es fruto de un azaroso entrecruzamiento de genes, si no le gusta lo que es, según su creencia se quejará a Dios, a la vida, al abstracto, al devenir, a la nada. Nosotros tenemos individuos concretos hacia quienes quejarnos.
__De hecho hay cientos de causas judiciales de estos hijos contra sus padres y médicos involucrados. La sociedad todavía no reacciona. No reacciona frente a esta realidad que está diciendo a gritos que la tecnología debe avanzar de la mano de las ciencias sociales. Hasta ahora sólo las voces de las corrientes éticas y religiosas oponen resistencia a este tipo de investigación y posibilidades de la tecnología. El tema es que dada la pluralidad en la que vivimos, esas voces resultan ineficaces, porque parece que la alternativa es avanzar de la mano de la ciencia, o retroceder de la mano de la ética y/o de la religión. El asunto es sin dudas avanzar, pero avanzar en pos del bien integral del hombre, abordándolo desde una perspectiva holística.
__Sos un bicho raro, un hijo verdaderamente revolucionario de la tecnología. Tus padres querían una eminencia que descubriera el remedio contra el cáncer y saliste una pensadora.
__Así es. Soy un bicho raro. Decida de mí lo que decida, siempre estoy condenada a ser un bicho raro. Yo elegí serlo en favor de la vida, de los otros, de la humanidad. Mis padres quisieron especular con mis capacidades, y contra ello yo me rebelé. Pero hago algo productivo con mi duelo, algo con sentido, algo  para aportar. Cuando supe lo que hiciste hace dos años frente a las cámaras de televisión, empecé a albergar la idea de contactarte. Pero sólo a raíz de tu último intento de suicidio finalmente me decidí.
__¿Cómo lograste ubicar mi celular?
__Del mismo modo en que vos ubicaste algo tan absolutamente reservado como es la identidad del óvulo y del vientre que te hicieron nacer. Soy superdotada.
__¿Y por qué el documento firmado donde renunciás a percibir retribución por el tratamiento?
__Porque tu resentimiento contra la vida es ese precisamente: asumís como natural que todo el mundo tiene algún interés egoísta al ubicarte. Así fuiste concebido, así te trató tu padre, así te cuidaron tus niñeras, el personal a cargo de tu educación, tus familiares, tus amigos… Tu mal se llama soledad. Y es un mal cultural, se trata de lo que yo he denominado “una enfermedad social”, vale decir, de un padecimiento causado directamente por la conducta de la sociedad.
__¿Y el hecho de que haya una persona que quiera ayudarme gratuitamente me salvará de la soledad?
__No seas sarcástico. La inteligencia ácida es repulsiva, y a tal punto, que por más inteligente que seas, demostrás tu lado idiota. Lo que pretendo es que me escuchés. Si te enoja el hecho de que otros hayan decidido sobre vos, que nadie haya respetado tu propio ser, tu derecho a existir desde el deseo y el amor, lo único que quiero decirte que podés elegir algo distinto para vos, algo tuyo, algo que te represente y que tenga un sentido en sí mismo. Vos no estás acostumbrado al lenguaje de los sentimientos; sin embargo es un sentimiento (el resentimiento) lo que invade por completo tus opciones, tus pensamientos, hasta tu propia inteligencia. Es por lo tanto un sentimiento también lo que te puede dar un motivo para vivir. El pensar humano es un pensar informado por el sentir, y por mucho que a los intelectuales les cueste reconocer, el sentimiento va primero, y mucho más si es inconciente.
Gaspar lo escuchó. Y lo pensó…


Es por eso que encontramos a Gaspar, ya establecido en sus cuarenta y dos años, convocando a diferentes técnicos e investigadores a presentar proyectos de bien social.
De ser un magnate que dilapidaba fortunas en excentricidades y juegos mano a mano con la muerte, pasó a ser un sereno millonario relativamente austero, interesado por cuestiones filantrópicas de envergadura.
Por fin, tocó el turno del proyecto que todos aguardaban con expectación, ya sea por simple curiosidad, por admiración o por desconfianza…
Cuando él la vio entrar, que con esta sería la cuarta vez que lo hacía, no dejó de percibir aquella lejana sensación efervescente. Apenas una ligera cadencia al suspirar y una sonrisa a mitad de camino en el saludo pudieron dar indicio de que la doctora lo movilizaba con vehemencia.
Recordemos que el proyecto en cuestión era el famoso “U.S.I.A.” (Unidades Sociales Independientes Autodefinidas), y lo sustentaba una fundación científica integral denominada “Nuevos Horizontes”, presidida por su propia fundadora, la psicóloga científica Alexia Hünter.
A más de su doctorado en psicología, Alexia se autodefinía como “Ingeniera Social”, dado que sus investigaciones ligadas preferentemente al ámbito de la sociología, eran acompañadas por una propuesta de diseño y construcción del tejido social lindante al área de la ingeniería. Si bien la carrera todavía no existía académicamente en universidad alguna, para Alexia era cuestión de tiempo… y de no mucho tiempo. Bastaba con que algún centro educativo de vanguardia advirtiera la necesidad de la sociedad a ser diseñada inteligentemente, de acuerdo a valores socialmente relevantes. Para Alexia el problema del suicidio no era precisamente “el problema”, sino una de las manifestaciones (quizás la más llamativa y dolorosa) de un complejo de disfunciones que derivan en lo que lo que ella misma denominaba como “enfermedad social”.
__Así como la explotación indiscriminada que la era de la industrialización provocó en el ecosistema derivaron en daños ecológicos a gran escala; así, los cambios de comportamientos vertiginosos que ocasionan los numerosos artículos de consumo, las intervenciones científicas en el origen, en la preservación, en la finalización de la vida, y el modo virtual de comunicación y de relacionarse con la realidad, están provocando daños evidenciados en la conducta de los individuos. Y del mismo modo en que los problemas ecológicos movilizaron campañas de concientización para un uso racional de los recursos, por un lado, y por el otro el tratamiento de los desechos contaminantes para minimizar sus impactos; del mismo modos la toma de conciencia de estos subproductos negativos de los avances tecnológicos, deberían fomentar el advenimientos de nuevas corrientes de pensamientos a la altura de la situación, y el desafío de intervenir socialmente a fin de humanizar la cultura emergente.
“La idea de formar estas Unidades Sociales Independientes Autodefinidas consta de dos partes: parte A “construcción de un edificio autosustentable ecológico” y parte B “la formación de la sociedad autodefinida”.
Vamos primero a lo edilicio. ¿Por qué ubicamos en un edificio… un mega edificio… o una serie de edificios interconectados (son posibles variables) a la sociedad que pretendemos diseñar? Por tres razones fundamentales: una, para resolver el problema de la superpoblación del planeta, segundo, para organizar una ciudad totalmente ecológica, y finalmente, para posibilitar un nivel de vida confortable y seguro, con un autoabastecimiento primario efectivo que, evitando la cantidad de intermediarios y cargas sociales que encarece cada paso de la producción, la subsistencia se abarate para ser accesible a todos. Estamos hablando de una megaedificación que aproveche al máximo los recursos naturales para generar energía (que es el alma de la construcción), la producción de cultivo en terrazas y la cría de animales en predios rurales establecidos circunnavegando al megaedificio.
__¿Qué sentido tiene a estas alturas de la globalización pensar en una comunidad autosustentable, al modo de la sociedades tribales?
__Volver a simplificar lo que la globalización ha complicado: las relaciones económicas y laborales de los individuos.  La parte B es sin duda lo más importante: posibilitar a que diferentes individuos acuerden agruparse en una sociedad primaria de acuerdo a sus valores compartidos, y a partir de allí organicen su sociedad… Estamos en un mundo que pone al alcance de las personas miles de cosmovisiones diferentes. La idea es que en la medida en que un determinado grupo de individuos se sientan lo suficientemente ligados en torno a un modo de pensar, se organicen socialmente de forma independiente y autónoma, con la suficiente capacidad de no sólo sobrevivir sino de perdurar y progresar en el tiempo. Lo que pretende la USIA es retornar a los vínculos sociales primarios, reforzando unidades culturales que sean capaces de forjar pertenencia, al trabajo personalizado con un ritmo ajustado a valores compartidos. Igual en la forma de vida de sus familias, la ocupación del tiempo libre y la recreación, junto a los bienes culturales de consumo…
Lo demás de la presentación consistió en la descripción técnica de la mega construcción. La gigantesca pantalla se vio entonces desbordada por un desfile de números, fórmulas matemáticas, signos de toda especie, hasta explotar en cifras siderales e imágenes futuristas de alto impacto.
La comisión realizó infinidades de preguntas, comentarios y sugerencias. Al cabo de la exposición se tomaron dos intensos días para continuar debatiendo hasta que finalmente acordaron el veredicto, el cual  se dio a conocer públicamente. Cuando las cosas estuvieron lo suficientemente encaminadas, Gaspar invirtió una suma considerable en el proyecto.
Otros magnates siguieron su ejemplo.



El sol danzaba hecho brillantina sobre el espejo imposible de azul del lago, marcando un sendero impreciso y fluctuante. El viento arreciaba fresco, por lo que ninguno de los numerosos paseantes se alentaba a bañarse en sus orillas.
Gaspar y Alexia lo contemplaban todo, absortos en un mar de pensamientos. A los lejos podía divisarse pastar al ganado de ovejas. Sabían que las vacas y las cabras estaban cerca, pero desde la perspectiva que alcanzaban sentados en los sillones de la plaza que rodeara al lago, no podían apreciarlo. Era un espectáculo imponente, con fuerte sabor pastoril.
A sus espaldas se elevaba con soberbia la primera USIA lograda. Y toda la explanada que la rodeara se destinaba no sólo para la producción agrícola y ganadera, sino fundamentalmente como espacio de recreación al contacto directo con la naturaleza, donde semanalmente se reunían espontáneamente las distintas familias e individuos que la conformaran.
Habían conseguido ser considerados como Estado Independiente por la ONU. A pesar que sus miembros procedían de diversos países, acordaron como lengua oficial al castellano, si bien en cada familia volvía a brillar los calores de las lenguas maternas. Con el correr de los años el lenguaje común fue un castellano sumamente local.
Los valores acordados hacían referencia a la solidaridad como modo de entretejer los vínculos sociales, la preservación del núcleo familiar y el tiempo equilibrado entre la labor, el descanso, la comunidad, el arte y la recreación.
Establecieron al lunes como día no laborable. Así, en esa tarde de un lunes otoñal la singular pareja disfrutaban el sabroso arte del ocio… bueno, un ocio ciertamente relativo, de ese que producen los padres que, mientras hacen nada, no apartan la mirada atentas a los hijos que, seguramente, estarían “haciendo mucho”. Los tres descendientes del magnate y de Alexia se divertían a pocos metros de ellos, revolcándose como cachorros en la arena.
Había cientos de bicicletas desperdigadas por el predio, pues era el medio habitual de transporte de los habitantes de la USIA. No había autos: no se los precisaba. El transporte de los productos agrícolas ganaderos  se los realizaba en especies de trenes que se introducían al interior de la torre. Por dentro el movimiento se realizaba fundamentalmente gracias a ascensores, y para desplazamientos horizontales importantes, unas cintas transportadoras giraban de continuo en anillo rodeando cada piso. Por lo demás, se caminaba.
Las primeras plantas estaban destinadas fundamentalmente a las numerosas fábricas alimenticias y productos de primera necesidad. Luego seguían los espacios invertidos en  el importantísimo servicio de mantenimiento del edificio, el control de la energía, las redes de comunicación –tanto internas como externas- y suministros informáticos.
En los demás pisos el espacio se repartía entre viviendas particulares, sedes de compras, escuelas, centros médicos y sanitarios, oficinas de trabajo, y demás oficios, al modo de barrios.
El agua se extraía del lago. Era tratada en una planta potabilizadora ubicada en el predio anexo al edificio, y por un sistema de bombas era cuidadosamente transportada al interior del mismo. El método de abastecimiento hídrico semejaba en mucho al circulatorio del cuerpo humano. Luego de su uso racionalizado, las mismas venas que la portaban hacia el exterior contenían elementos químicos para su debida purificación.
Varios proyectos de USIAS estaban en marcha. La fundación de Alexia los analizaba detenidamente para comprobar las posibilidades organizativas y convivenciales de los grupos sociales que solicitaban agruparse. Faltaba todavía mucho para que la USIA se tornara una tendencia. Todavía resultaba algo… llamativo, casi como un espectáculo en vivo.
El ocaso pujaba por nacer, y el viento se hacía cada vez más frío ráfaga sobre ráfaga. Llamaron sus hijos, y cada uno montado en su bicicleta, comenzó el retorno. El reparador lunes estaba en agonía.
Los rayos tímidos del Astro Rey huían hacia la punta de la torre no sin ser cuidadosamente bebidos por los sofisticados paneles solares que también ellos, luego de una intensa jornada de labor, se aprontaban al reposo nocturno.
La USIA es un sueño milenario de vanguardia… el paraíso terrenal, la Tierra Prometida, Utopía, la Sociedad sin Clases… el anhelo histórico de la humanidad doliente: un futuro de armonía, de paz, de bonanza…
Un sueño del que no nos gustaría despertar

sábado, 13 de enero de 2018

EL PRECIO DEL AMOR


La caravana avanzaba a paso polvoriento y cansino. Dentro del carruaje nupcial la princesa Isabella resistía a la convalecencia de su alma… Si hubiera dado cause al deseo de su corazón habría ordenado detener la comitiva ante  la primera quebrada  indómita del bosque que apareciera sobre el camino, para desde allí  arrojarse al vacío, abriendo su pecho a una muerte salvadora.
En lugar de ello, tenia la bolsita con veneno celosamente apretada contra su pecho, bien disimulada entre los insufribles atuendos reales.
Marchaba,  junto a su nutrida escolta, hacia la comarca del príncipe Eduardo, donde le esperarían sus nupcias soñadas… soñadas por ambas familias, que habían concretado el arreglo para provecho mutuo.
Isabella no había hecho objeción al acuerdo. Toda su vida era cuestión de arreglos e intrigas. No amaba a Eduardo -no lo conocía siquiera-,  tampoco estaba enamorada de alguien en particular…. En realidad… no sentía aprecio por su familia… ni por amistades… ni por la vida… ni por sí misma.
 Ese era precisamente su problema: no amaba nada. Ni las fiestas, ni los juglares, ni las comilonas, ni las sedas y joyas…. Nada. Nada atraía su atención.
Para el colmo la Naturaleza no se había esmerado con ella. Ojos pardos con nariz de águila, cabello  ensortijado inexorablemente escondido bajo adustas cofias. Y para acentuar aún más los males: extremadamente delgada, casi cadavérica.
Los caballos adentraban a la noble dama al corazón del bosque incierto. Deseo desajustarse los perversos encajes que la oprimían, pero para tal cometido necesitaba de sus damas, quienes  viajaban en el carruaje de servicio, unos  cuántos metros adelante. Descorrió las cortinas de la ventana permitiendo que la tenue luz del ocaso ingresara por él hasta sus iris. El  viaje se desarrollaría a lo largo y ancho de siete días. Por entonces el día número cuatro estaba por coagular en una errabunda noche bañada de luna.
 Pronto la  caravana se dispondría a acampar para alimentar y descansar los caballos, reanudando la marcha  con la primera hebra de sol dorando las copas de los árboles.
Cuando las sombras deshicieron los últimos colores de la tarde,  la comitiva real se detuvo en un claro a preparar las tiendas destinadas a la pernoctación. Isabella salió del carruaje cuando todo estuvo en orden. Hicieron fuego, guisaron carne, y al cenit de la luna la princesa entró en su tienda. Las doncellas la deshicieron de sus lujosos atuendos de día para ataviarla del amplio camisón con el que dormía. Ella se ingenió para continuar ocultando la bolsa que contenía su pasaje a las Parcas.
Otro día más fenecía en su vida, un día más que la acercaba a su destino auto determinado.  Como miles de noches infinitas, no pudo conciliar el sueño: sentía que hasta el propio Morfeo la detestaba. Sigilosamente salió de su tienda y un haz de luna sugestionó su mirada. El bosque murmuraba su sinfonía mítica.
Se animó a alejarse un poco. Fogatas varias rodeaban el extenso campamento. Los guardias dormían. A lo lejos, alguien velaba el sueño de todos.
En un instante imprevisto resonó un estrépito seguido de gritos informes y descalabrados. Los relinchos de caballos se expandieron como el fuego que comenzaba a devorar las tiendas.
Estaban siendo atacados por un muy bien  nutrido grupo de forajidos que seguramente querrían saquear la comitiva real.
Ella se había guarecido detrás de un añejo árbol, y desde allí podía ver cómo confusamente sus escuderos la buscaban resistiendo el ataque. No estaba lejos, podría avanzar hacia ellos, pero de ese modo atraería también a sí a los maleantes.   
Los hombres luchaban como sombras disecadas de realidad; en medio del fragor del combate, los malhechores fueron reuniendo a las doncellas en el centro. Isabella notó que ellas eran permanentemente escudriñadas, interpeladas y hasta maltratadas por los bandidos.
En cuestión de minutos la comitiva real estaba reducida. Los sirvientes varones fueron   todos ellos amarrados alrededor de los árboles, y de los guardias algunos estaban derribados en el suelo  atravesado por flechas, mientras que los que aún estaban pie luchaban inútilmente por sus vidas. El fuego bramaba.
Si era por saqueo, ya habrían tenido tiempo suficiente para llevarse hasta las ropas íntimas de cada emboscado. Y sin embargo los forajidos  continuaban allí, amenazando y azuzando a los sobrevivientes, entrando y saliendo con aspereza de todas las tiendas y carruajes que aún no habían sido devorados por el fuego. Isabella llegó a la conclusión que estarían buscando sus joyas personales.
Cerca de su refugio merodeaba un robusto viandante, buscándola seguramente.
--Aquí! –gritó. Y salió de su escondite ---No tengo joyas conmigo.
--¿Eres la princesa?
--Sí, ya te dije: no tengo joyas conmigo.
--Tú eres la joya que buscamos.
Y sin darle tiempo a reaccionar, la tomó por la  cintura subiéndola a su corcel. Realizó un fuerte silbido al aire y a los pocos minutos todos se dispersaron hacia distintas direcciones, dejando el cortejo real librado a su suerte, sin víveres y sin caballos.


La situación imprevista le arrancó un súbito acceso de llanto y grito, pero Isabella se calmó inexplicablemente al cabo de algunos metros al galope; tanto así que el bandolero supuso que la princesa se habría desmayado en sus brazos.
El bosque arrullaba en una noche serena, cubierta de un opaco cielo adornado de pecas brillantes. Ella, ingrávida, evitaba cualquier movimiento o sonido de su cuerpo. Como todo en su vida, sentía el acontecimiento con el sentimiento equivocado. Lejos de la seguridad de su carruaje, su corte y sus escuderos, percibía una irresponsable sensación de libertad y esperanza.
Su raptor devoraba las sombras del paraje al diestro galope de su caballo. Subían y bajaban lomadas, senderos escurridos, y hasta arroyos modestos. Cuando se aseguró no ser seguido por nadie, el jinete detuvo su andar, y recién allí notó que su víctima estaba despierta. Desmontó y sujetó a la dama para que hiciera lo propio. A través del cristal de la noche clara ella lo miró profundamente, mirada que sorprendió a tal punto al forajido como para enmudecerlo momentáneamente.
__Usted ha sido secuestrada para exigir al príncipe Eduardo, como rescate, la devolución de nuestras tierras.
__¿Y si él se niega?
__Tranquila princesa… es impensable esa alternativa. La boda con usted une dos coronas que se necesitan mutuamente para fortalecerse. Si se niega a nuestro pedido perdería mucho más que una esposa, perdería la oportunidad de esa alianza. Las tierras que exigimos no son más que  migajas en comparación con el beneficio de la boda.
__Aún cuando no tengo el gusto de conocer personalmente a mi futuro esposo, sé que es un engreído estúpido… por algo condujo a la ruina su poderoso reino. Suele tomar decisiones impulsivas y absurdas. Por eso le vuelvo a preguntar… si se niega a entregarles lo que exigen por mi rescate ¿me matará?
__Bueno… sí. Sin embargo no creo que deba preocuparse. Sería el colmo de necio si se negara a salvar su  vida por unas miserables tierras. Tampoco se arriesgaría a ganarse como enemigo a quien busca como aliado. Supongo que  al rey Jerónimo, hermano suyo, no le haría gracia que Eduardo se niegue a salvarle la vida.
__Mi hermano me mandó a la muerte con el arreglo de esta boda. No creo que le preocupe mucho mi vida…
__No es sólo su persona. Es Política.
Ella dibujó una imperceptible mueca extraña, que aún cuando el maleante hubiese podido verla, no habría sabido decodificar.
En el horizonte irregular del ondulado paraje comenzó a delinearse el amanecer.
__Ha sido una noche larga __observó el hombre__. Es hora de descansar… No pienso sujetarla, apelo a su inteligencia… si se le ocurre escapar en pleno corazón del bosque no llegaría a la noche con vida. 
Y encabezó una marcha por un diminuto y espinado sendero ascendente. Ella le seguía con dificultad, no sólo por no estar habituada al camino, sino por la incomodidad de su ropaje nocturno, que se enganchaba cada dos pasos entre los arbustos. En un determinado momento el raptor se sintió profundamdamente contrariado, y sacando un cuchillo de su cintura redujo el vestido de la princesa a una cuántas hilachas que ha duras penas recubrieron sus intimidades. Ella permanecía muda detrás de él, resignada.
El sendero fenecía en una ondulación nada suave que ocultaba en su plegue una rustica construcción de piedra y madera, de apenas unos tacaños metros  cuadrados.
__Esta es una ermita abandonada. Nos servirá de guarida en estos días.
Nada más lejos de la comodidad de un palacio. El hombre sujetó a un poste las riendas del caballo, y luego abrió la pesada  puerta de madera. En el interior no había más que una litera en el costado derecho, un reclinatorio en el fondo -sobre el que aparecía un amplio ventanal- y una mesada desprolija hacia la izquierda. En el centro un par de banquetas.
__¿Aquí me va a esconder?
__¿No es de su agrado? Por cierto, no va a recibir de mí el trato de una princesa. Yo no soy  sirviente de nadie. Para lo doméstico trabajará a la par mía. Aquí está sin sus joyas, sin sus riquezas, sin sus sirvientas y escuderos. La llamaré por su nombre… Isabel, si no me equivoco…
__¡Sí! ¡Se equivoca! Me llamo Isabella.
__Gusto en conocerla. Mi nombre es Patricio.
__¿Y cuánto durará mi cautiverio?
__Hay que darle tiempo a que los sobrevivientes de la caravana real puedan llegar al reino con la noticia, y los que elegimos por mensajeros lleguen a Eduardo con los términos del trato. Luego éste deberá ponerse en contacto con nuestros mensajeros y hacernos llegar su respuesta. Dando  lugar a las debidas garantías y precauciones, finalmente estableceremos el día, el modo y el espacio del intercambio.
__¿Intercambio?
__El Edicto real de devolución de las tierras contra su persona. Todos estos sucesos llevarán cuanto mucho un mes. Tres semanas supongo. Al final de la primavera usted estará en los preparativos de su boda… y nosotros reparando la aldea. Final feliz.
La bolsita con veneno se había salvado, sujeto a su pecho, a la masacre que recibiera su atuendo. Esta desgracia le alargaba por lo menos dos semanas de vida a la previsión de su suicidio.
__Estoy casi desnuda…
__Descuide, prometí devolverla con su virginidad intacta. Sé que es  costumbre de la realeza realizar un examen para comprobarla.  Si usted… ya no lo es… más vale que lo confiese y me desligue de responsabilidad sobre el hecho...
__¡Muy gracioso!
__No es ninguna broma.
Ingresaron. Patricio acomodó una de las banquetas cerca de la mesa, mientras Isabella permanecía en pie, esperando le acomodase la silla. Él la miró así, erguida frente a él, en actitud de impaciente espera.
__Creo haber dejado en claro que yo no soy su sirviente. Tiene manos, ¿verdad? Pues levante el banco y acomódelo donde guste.
Ella pensó seriamente en dar fin a su vida en ese mismo instante.
__¡Vamos! No es tan complicado… __insistió el con voz burlona.
Las piernas cansadas de la princesa apuraron su obediencia.  Se sentó frente a él, sin más remedio.
__Tengo sed __declaró la dama.
__Yo también. Bajando la lomada, a unos cuántos metros de aquí pasa una vertiente de agua fresca. Detrás de la ventana hay un alero bajo el cual se extiende un tablón con utensilios. Debe haber un cubo para traer el agua.
__Aunque muera de sed, no pienso buscar el agua.
__Morirá de sed entonces… Es una tortura horrible.
__Si muero no tendrá chance de conseguir sus tierras.
__Confío en su instinto de supervivencia.
Patricio salió y al cabo de un rato retornó con una jarra repleta de agua fresca, la que bebió teatralizando la acción frente a ella.  Cuando terminó el último sorbo, se tendió en la litera. Al cabo de un tiempo imposible de corto, se durmió profundamente, dejando a la pobre princesa librada al fragor de sus cavilaciones.
La acosada mente real, o la mente de la real acosada, o la realmente acosada… ensayó imaginarias respuestas a las circunstancias. En primer lugar desfilaron por sus pensamientos una serie de insultos, gritos inaudibles de órdenes y exigencias. Pero el apacible sueño de Patricio demostraban su desdén por la autoridad, por lo que supuso una acción condenada al fracaso.
Con la lengua pegada al paladar, pasó a buscar los argumentos racionales, entre religiosos, políticos y filosóficos que avalaran la superioridad en dignidad con respecto a su captor. Pero, si aquel malviviente de habría atrevido a tal, era por su irreligiosidad e inmoralidad; imposible hacerlo entrar en razón.
Imaginó a posterior envenenarlo a la menor oportunidad… mas, ciertamente sin él no sería capaz de pasar la noche en medio de aquella nada preñada de peligros. Y además, tampoco conseguiría con ello liberarse de su dolorosa sed.
Sacó sigilosamente el veneno como para tragarlo. Pero aquello era un polvo rústico que necesitaría de agua para pasarlo con mayor facilidad.
Mientras se sucedían los ronquidos del maleante, la muchacha se decidió por fin resistir dignamente la sed y aguardar a las Parcas con valor. Más vale morir que actuar con indignidad.
Promediando la tarde, tomó la jarra y salió un busca de la vertiente. Logró divisarla rápidamente, mas bajar por las enormes piedras de la lomada le costó enormemente. Resbaló en varias oportunidades, se raspó en cada abrojo, rama caída y árbol espinoso que se encontrara por su camino. Había oscurecido notablemente cuando por fin llegó a su meta. Tenía el cuerpo hecho una llaga y la garganta un desierto, por lo que su instinto la llevó a colocarse bajo la pequeña cascada de la vertiente. Su alma experimentó un remanso de bienestar, como de un algo invisible que se hubiese liberado de su alma. Rio, y se extraño de su propia risa. Si fue nuevo servirse sola el agua, bañarse sin asistencia en la vertiente, hacer sus necesidades al aire libre... también lo fue la risa que broto espontáneamente de sí.
El camino de retorno lo sorteo con facilidad. Llegó extenuada. Patricio estaba a la entrada, evidenciando seria preocupación. Ni bien la divisó, ensayó una actitud burlona; mas al observar con la ciega luz del atardecer aquel débil  cuerpo herido, empapado y semidesnudo, no pudo menos que acudir donde ella y, cargándola, depositarla sobre la litera.
Encendió fuego , y a su luz y a su calor  comenzó a inspeccionar los raspones. Algunos aún sangraban.
__¿Cómo es esto? ¿No me dejó en claro que no cumplirá con su obligación de servirme?
__No tengo obligación de servirle. Pero si me necesita, como lo haria con cualquier persona en problemas, le ayudaré. A propósito de eso… quería preguntarle por esto __y puso ante los ojos de la dama la bolsa de veneno.
__Lo traigo conmigo. Pensé en envenenarle, pero mientras esté acá no me conviene.
__¿Y por qué lo trae consigo? ¿Tomó algo, acaso?
__No. Pero fui a buscar agua para eso…
__¿Lo trae para Eduardo o para usted?... ¿alguna interesante historia de amor imposible?
__¡Amor! ¿se estás burlando acaso?
__Para nada.  ¿No ha escuchado historias así?... de amantes que forzados a casarse con otros, optaron por el suicidio antes que una vida sin la posibilidad de estar juntos.
__¡Me habla de amantes y enamorados a mí! ¿Desconoce mi fama de “la princesita fea”? Si no es por una estricta cuestión de intereses, de poder y de riquezas, nadie se acerca a mi.
__Sinceramente no me burlaba. Desconocía esa fama… Yo no pertenezco a su reino… y a las aldeas de Lórena, de donde provengo, no ha llegado esa fama. Por otro lado,  no coincido con ella __se incorporó__. Traeré unas mantas para que se seque y caliente, o se morirá de frío.  Pondré unas hierbas sobre sus lastimaduras importantes… soy médico por cierto…
__¿Un aldeano?
__Un caballero y guerrero en desgracia. De ahí, aldeano, hasta perder la tierra. Ahora mercenario y forajido.
A la lumbre vacilante de lámpara de aceite, ella miró detenidamente su perfil mientras  le frotaba las heridas  con unas jugosas hojas fragantes.  Quiso decir algo, pero no supo qué.
__No ha comido nada en todo el día, debe tener hambre. Sólo hay pan en mi alforja. Mañana conseguiremos alguna carne o pescado para asar. Descanse. Yo no soy siervo suyo, pero conmigo está segura.


Isabela se sentía más firme que nunca sobre su decisión de morir. Sin embargo se encontraba feliz como  nunca. No tardó en hacerse a la idea que no debía exigir servicio, que intentaría colaborar en la tarea doméstica, y que no estaba atada a ningún protocolo, podía por lo tanto disfrutar de su espontaneidad.
Patricio le daba conversación continuamente. Le refirió su dramática historia de caballero desavenido, y desavenido por “un amor imposible”, que lo tiene de protagonista junto a la esposa de su señor. Ella había  prometido suicidarse si por alguna razón dejaba de frecuentar a su amante, pero cuando el engaño fue descubierto, y Patricio puesto en evidencia, lejos de suicidarse buscó disolver su aburrimiento en los brazos de otro noble.
Él, por su parte, sinceramente enamorado, fue condenado a muerte. Gracias a algunos contactos y sobornos logró escapar y buscar refugio en una aldea vecina, en el vasto territorio del despótico Eduardo, quien para pagar sus campañas infértiles, apretó a sus vasallos con impuestos imposibles, sumergiendo a la comarca a la miseria y al despojo. De allí su ocupación de “mercenario y bandolero”.
Patricio no había ideado el rapto, sino un noble enemigo invisible de la corona de Eduardo, quien estableció un pacto de honor con los despojados… una vez restituidas las tierras, los aldeanos se pondrían al servicio de este señor, aportándole hombres para sus batallas, a cambio de protección y cuidado.
La idea del buen resultado del rapto dominaba íntegramente el pensamiento del ex caballero.
Isabella lo dudaba con fundamento. Tanto su hermano como su prometido manifestaban desdén hacia su persona. Tal vez por su belleza inexistente, o por su temperamento áspero… o quizás por ser un fantasma errático disfrazado de princesa. Por ello sabia que la muerte la esperaba humeante detrás de aquel recreo de cortesana.
Mas su alma cercenó la ansiedad por su tránsito al más allá, para abrirse a la nueva experiencia de dejarse librada a la espontaneidad de su ser. Aprendió a bañarse en el río, a contar las estrellas tendida sobre la alfombra natural del suelo, a abrigarse del calor bajo las velludas ramas de los frondosos árboles.
Patricio le había conseguido ropas de aldeana, e Isabella ,disfrutó de la soltura y simpleza de las prendas que le permitían moverse con fluidez y respirar sin necesidad de pensar cada bocanada.
Bastó dos extensos días para aprender a comunicarse de igual a igual con su raptor.  Sin medir consecuencias, puesto que la muerte confundía hasta anular  cualquier resultado, refirió a Patricio su terrible vida de princesa.
__Se supone que debería sentirme afortunada __había confesado __. Pero no es así. Odio las fiestas, odio esos trajes que lo único que hacen es resaltar mi fealdad. Odio la corte y los cortesanos… Me parece una vida aburrida, fríbola, sin sentido. Para colmo llena de intrigas y traiciones. Yo me caso por una cuestión de conveniencia, y se espera que de un descendiente para ambas coronas… pero no pienso hacerlo, no  pienso traer alguien a este mundo para que viva el mismo infierno que yo…
__Por eso el veneno…
__A todo esto… nunca me lo devolviste.
__Ni te lo devolveré. Cuando estés en los brazos de Eduardo tendrás que buscar otro modo de quitarte de la vida __realizó una ligera mueca dando un punto final a dicho tema__. Por mi parte yo me sentía afortunado de pertenecer a la corte de Humberto, y luego de haber sido elegido por su mujer como amante. El único error que cometí fue haberme enamorado, haber creído en ese amor que cantan lo juglares. A partir de allí desprecio a las cortesanas y desprecio a la nobleza. Pero ser parte del pueblo no es nada mejor… trabajas fritando tu piel de sol a sol y los Señores te quitan el fruto de tu sudor con impuestos imposibles de pagar.
__¿Siempre es así? ¿Mi hermano también hace eso?
__Dicen que en sus tierras se puede respirar un poco más de paz.
__Noble o plebeyo…  se vive y se sufre… Sin embargo en todo ámbito humano, sea rico sea pobre, hay fiesta, baile, alegría… o resignación al menos. Siento que más allá de todo soy yo la que no puedo actuar en consecuencia con lo que soy. Tal vez debería refugiarme para siempre en esta ermita. Aprender a defenderme de los peligros, a cazar y pescar… hasta ser alcanzada por la muerte. Si al fin morimos todos ¿Dónde reside la diferencia? En cómo vivimos este lapso incierto, inevitablemente finito, que llamamos vida.
__No puedo dejar que te quedes aquí. Se armaría una guerra si no te devuelvo. Además, si estás dispuesta a ser criticada y cuestionada, ¿Qué te impediría bañarte en el río, o mirar la noche, o vestirte con más soltura y sencillez en la corte? Y educar de ese  modo a tus vástagos. ¿No puedes intentar adaptar los comportamientos a tus propios caprichos?
__Nunca lo había pensado. Es difícil rebelarse contra el protocolo. Quedas en ridículo y sometido a la crítica de todo el mundo.
__Adáptate, es mi mejor consejo. Además, puedes influir para que Eduardo sea más justo y menos déspota.  
__¿Ese consejo no será más bien tu recurso para no experimentar culpa por devolverme a la corte… o por no devolver mi veneno?
__Yo creo que la libertad es siempre de uno. Cuando algo te ata es porque te dejas atar.   
Isabella enmudeció momentáneamente. No lo veía tan sencillo. De todos modos ella continuaba aferrada firmemente a la idea que Eduardo rechazaría  el acuerdo.
__Y después de tu amante ¿nunca más te volviste a enamorar?
Él la miró profundamente.
__Ese amor ha sido mi ruina. Nunca más cometeré el mismo error.
La princesa no comprendió por qué tales palabras obraron como dardos punzantes en su pecho.
Él, en cambio, lo comprendió con prístina claridad.
__Isabella… no hay nada más bello en la vida que sentirse enamorado. La pobreza no duele, la riqueza no aburre…. El frío no entumece, el calor no agobia… lo que es pesado se torna ligero, y lo vacío se rellena. No hay día o noche que no se torne suave, dulce, inmortal. Es el sabor de la vida… es una promesa que extasía el espíritu. Sin embargo… cuando pasa el rocío de la mañana sólo queda la amargura de aquellas inútiles pisadas que destruyeron el césped. Te quedas masticando la nada, sorbiendo un agua que no moja,  como una enorme llaga imposible de  cicatrizar.
__jamás sentí algo parecido… yo siempre vi al amor como si estuviere detrás de una vitrina que jamás se abriría a mí.
__¿Y por qué?
__¡Es hasta ridículo que lo preguntes! __gimió entre dolida y enojada__. ¿Eres ciego, acaso?
__No. Yo creo que veo… aún así no entiendo tu enojo. ¿Por qué es ridículo preguntarlo? ¿Qué se supone que debería ver en ti?
__¡Mi fealdad!
__Has mencionado varias veces esa cuestión… la noche en que se te secuestré tal vez hubiera entendido el fundamento de esa valoración: debajo de ese informe camisón, los cabellos sujetos en ese gorro… ese gesto agrio y duro… Pero ahora estás totalmente distinta. Tus cabellos rojizos, con esos bucles que caen libremente por la silueta de tus hombros, esos ojos profundos, de mirada brillante… y esos labios preciosos que a duras penas se salvan de ser hurtados por mis besos… si hasta parece que en estos días hubieses dado algo más de carne a tus huesos desnudos. Tu piel está algo más bronceada y tus mejillas fluyen en un rubor natural. Estás hermosa… si no fuera porque debo devolverte virtuosa, ya te hubiese hecho desvanecer de amor entre mis brazos…
__Es curioso. ¿No decías que no volverías a cometer el error de enamorarte? ¡Estás mintiendo!
__ Me resulta muy difícil no desearte, y esa es una verdad imbatible. Pero si nos dejáramos librados a las promesas del veleidoso Cupido, imagina lo desastroso de nuestro destino. Y lo peor…. No sólo el nuestro. Podemos olvidar que tú eres princesa y que yo soy forajido. Podemos vivir como erráticos peregrinos asilados en el latido del bosque… por un tiempo al menos… pero sin el intercambio mis paisanos no tendrán sus tierras, Eduardo y tu hermano iniciarían una cacería humana para dar con nosotros. Viviríamos huyendo, condenando a muerte  a quienes nos rodeen. No podemos pagar ese precio.
__Tienes razón. No es posible ningún destino juntos. Tú, además nunca cometerías el error de enamorarte __se incorporó como un resorte__... Esta oscureciendo: mejor que vaya por agua para la cena.
Tomó el jubón y salió con la velocidad de un rayo.  Patricio cobró conciencia que sus palabras estaban torturando la bella alma de la joven. Luego de vacilar más de la cuenta, se decidió por ir tras ella.
Estaba oscureciendo, en efecto. Cuando el rumor de la vertiente llegó a sus oídos, aún sin tener a la princesa a la vista, escuchó su llanto apenas reprimido.
__No sufras…  yo sé por qué te lo digo. Nuestro sufrimiento será mayor si damos cabida a nuestros sentimientos.
__¡¿Cuáles?! Si tú no los tienes…
__Que yo haya decidido no cometer el error de enamorarme no significa que no me enamore más. Sólo que no me dejaré llevar por ese impulso.

Ella permanecía de espaldas a él, inclinada sobre la orilla de la vertiente, con sus manos ocultándole el rostro. Él se acercó sigilosamente, y comentó a sujetarle sus bucles tan rojos como aquel sol que moría en la silueta de las montañas lejanas.
__No te aflijas por mí: estoy acostumbrada a llorar mis soledades.  
Patricio logró desprender las manos del rostro femenino, y  a absoluta traición de lo que dijo, besó largamente aquellos sedientos labios. Mientras más ordenaba su mente soltarlos, más profundo se hacía el éxtasis del deseo. Ella tampoco podía detenerlo.
Él se encontró de pronto desnudándole el pecho, el cual que se presentó erguido y turgente ante su mirada extasiada. La acarició con suavidad, delineando todas sus curvaturas. Luego paseó sus labios, como un roce de mariposa, desde el cuello, bajando lenta y sutilmente hasta el pezón. Allí el beso se tornó más apasionado.
Isabella respiraba con dificultad. Nunca había percibido a su cuerpo así. Si quiera imaginaba tamaña intensidad.
Él volvió a beber sus labios, y la tendió sobre el irregular suelo. Ella, mientras escuchaba la viril respiración entrecortada, mientras tenia su boca atrapada en la humedad de su captor, sintió el extraño peso del robusto sexo de él. Quiso recordarle que su deber era devolverla intacta, pero para cuando tuvo libre sus labios, los dedos de Patricio le estaban rozando su intimidad  humedecida.  Miró las estrellas del cielo y jamás las imaginó tan coloridas.
Como todo intento de realizar un amor imposible, con creces pagaron aquel momento delirante.


Cuando Eduardo recibió al mensajero que trajo la infeliz noticia, sin detenerse a pensar ni considerar opciones, lo mandó matar inmediatamente.
Ordenó  montar su cadáver sobre el lomo del mismo caballo que lo traía, y escoltado por una veintena de soldados -no pensaba fuese necesario más- lo dirigió al punto donde debía encontrarse con el criminal que tenía secuestrada a su prometida. Poco le importó si de ese modo pondría en riesgo la vida de Isabella.
Llamó a sus ministros y les comunicó su decisión de exigir un resarcimiento al Rey de Verona,  culpándolo de no haber  cuidado lo suficiente la seguridad  de la novia real. De no cumplir con dicho resarcimiento, estallaría el combate.
Los ministros se miraron azorados peguntándose tácitamente quién se atrevería a decirle al intempestivo monarca la improcedencia de su plan. En caso de combate, Verona tenía las de ganar.
Nadie se animó, de hecho. Por el contrario, se dispusieron a acatar las órdenes, y a preparar la comitiva que portaría las exigencias reales al vecino de Verona.
Entre muchos errores, Eduardo minusvaloró la organización que había operado el rapto, como si se tratase de un grupo de delincuentes comunes. Sin embargo, Heraldo, el noble al que había mencionado Patricio, desde hacía tiempo conspiraba, a las sombras, contra el monarca.  Disponía de  mucho más que de un grupo de mercenarios y campesinos descontentos e  improvisados; contaba también con una red de espías, que prontamente le informaron  sobre los planes del Rey.
Heraldo mandó a alertar a los secuaces diseminados por el bosque, quienes esperaron al cadáver del mensajero con su escolta para emboscarlos y eliminarlos por completo. Asimismo mandó matar  Isabella, y enviar su cuerpo exánime al hermano, con el propósito de exasperar los ánimos, pues  nada le convenía más que una contienda entre Verona y Lórena, cuyo resultado, más allá que la victoria y la derrota, significaría el debilitamiento de ambos.
Antes que la comitiva de Eduardo llegase, con sus exigencia, a Verona, lo hizo el cadáver de la infortunada princesa, el cual fue arrojado por manos anónimas a las puertas de ingreso al castillo de  Jerónimo, con una inscripción atada a la cintura que rezaba: “Eduardo es el responsable. Su ejercito viene contra ti”.
Jerónimo recibió el cuerpo maltratado y desfigurado de su hermana desestimando la alerta por creerla fraudulenta.
Sin embargo, culpó a Eduardo por haber hecho caso omiso a las exigencias del rapto ocasionando  el asesinato de la misma.
Mandó preparar los funerales, a la par que enviaba exigencias de resarcimiento bajo amenaza de invasión al territorio de su fallido cuñado.
Ambas  comitivas -la de Eduardo y la de Jerónimo- con sus respectivas exigencias y amenazas de guerra, tomaron rumbos diferentes por lo que jamás se encontraron.
Como es de suponer, la de Eduardo llegó primero, y para cuando lo hizo la de Verona, la guerra era inminente. Ambos ejércitos actuaron de modo improvisado, por lo que las pérdidas fueron incontables… para ambas fracciones.
Cuando Eduardo estuvo debilitado lo suficiente, Heraldo tomó el poder, y amparado por sus propios guerrilleros, se proclamó nuevo Rey de Lórena. Propuso la paz a Verona.
El tratado convenía a Jerónimo, por lo que reconoció al nuevo  monarca y aceptó la paz.
Patricio y sus paisanos recobraron sus tierras, y así hubo en la zona un cierto tiempo de armonía y prosperidad.
La vida continuaba, a pesar -o tal vez gracias a- los muertos que dejó el incidente del rapto.


Cuando Patricio penetró el prohibido cuerpo de Isabella, creyó que había precipitado el desastre. La besó tanto como pudo y no separó su piel de ella sino cuando agotó lo último de su energía.
Desnudos, tendidos en la inmensidad del bosque, se abrazaron mirando la complicidad de la noche.
__Si me tienes que devolver, declararé que ya había perdido mi virginidad en la corte de Verona, y que tú cumpliste con tu palabra de respetarme.
__Significaría tu ruina. Y una ruina muy bochornosa. Es mejor decir que te he forzado. ¡Ay Dios! Sí que lo compliqué todo…
__yo estoy dispuesta a morir. ¿Qué puede ser peor que eso? Aún sin el veneno, sigo dispuesta al suicidio…
__¿Sabes lo que sería peor que la muerte? Es que desees vivir… desees este amor más que a la propia muerte.  
__¡Vamos! Con estos días de felicidad yo me conformo. Es lo único que me hace sentir la vida. Es más de lo que jamás imaginé para mí.
__¿Y qué queda para mí? ¿Crees que te voy a poder entregar a tu ruina?
__Si no podemos estar juntos, no hay otro remedio.
Patricio se tendió nuevamente sobre ella.
__Dame todo lo que tienes, mujer. Ya que esto lo pagaremos con creses, hagamos que valga la eternidad. Dame todo lo que tienes en tu  cuerpo, en tu alma, en tu mente. Junta en tu intimidad tibia la totalidad de tus noches sola, tus lágrimas de desesperanza, tu angustia por sentirte no amada. Recoge la totalidad de tu sed y entrégamela en la pasión de tus labios. Desnúdate hasta lo imposible sin ocultar nada a mi mirada ni mezquinar lo ínfimo a mis caricias. Vamos, mujer, entrégamelo todo. 
La volvió a besar tan larga y profundamente a como dieron sus fuerzas.
__Patricio… ¿me darás muerte?
__Dame la fuerza que necesito para entregarte mi vida. Aún cuando vuelva a condenarme, y pase otra vez por el infierno del exilio y la miseria. Con tu entrega dame la fuerza para entregarme y morir por ti, si es necesario.
__Aquí me tienes, entrelazada a tu cuerpo. Con mi piel imantada a la tuya y el corazón latiendo con brío en mi garganta. Aquí está mi soledad, mi sed, mi dolor y mi amor. Mi ternura y mi pasión. Aquí estoy…. Para saciarte de mí y perfumar tu alma. Para abrazar  tu desolación y curar tus heridas. Sin reservas me entrego a ti.
__Déjame entrar a tu mundo, al universo femenino de tus sentimientos. Déjame entrar y sembrarme radicalmente en ti, hasta hacerte olvidar que alguna vez fuiste un cuerpo separado del mío.
  Lanzó el aire de la noche feneciente un gemido de placer que pareció esparcirse por todos los rincones del bosque. Respiró profundo conteniendo así el movimiento de su ardor.
__Quédate así, quieta lo más que puedas. Resiste al ímpetu de tus caderas. Permanezcamos así, unidos, piel a piel, porque en este momento nuestra unión es invencible. En este momento no hay tiempo, ni pasado que nos oprima, ni futuro que nos amenace; no hay reyes, ni cortes, ni política que nos complique; estamos sólo tú y yo y no necesitamos nada más… por fin estamos completos...
Ella obedeció. Aspiró el rocío del amanecer y contuvo su aliento. Todo su ser se concentró en recibir el calor y el sabor del viril cuerpo tendido sobre ella. Y deseó que aquello fuese eterno.
Pero la eternidad en el tiempo es una aspiración imposible. Amor y muerte: dos palabras que se conjugan cuando se habla de infinito…



El bosque tiene un corazón que late de secretos. Allí los amantes apagan sus ardores, los ladrones escudriñan sus opciones, los místicos encienden sus almas, los aldeanos traman sus reuniones, los nobles viajan hacia sus territorios… amor. Odio. Alegría. Soledad. Intriga. Fe… lo sublime y lo miserable… lo noble y lo abyecto… rocío de cielo y estiércol de infierno… y toda la ilimitada gama de colores que se despliega entre ambos extremos.
Patricio los vio venir el día anterior al fijado para su encuentro con el mensajero del rey, y supo que Eduardo se habría negado al acuerdo. Aquellos forajidos del grupo de Humberto traerían un cambio de planes.
Eso no significaría nada bueno para Isabella. El cambio de estrategia implicaría también un cambio en los planes de la pareja. Si la princesa era devuelta a la corte de su prometido, ella se fugaría con él, luego que el edicto real estuviese promulgado y en manos de los aldeanos.
__¡Quédate aquí! Yo les saldré al cruce evitando que vengan… por las dudas, mezcla en el vino estas gotas de somnífero. Si ves que venimos, hazte la dormida…
Munido de su arco y sus flechas, se abalanzó sendero abajo para hacerse de encontradizo con la comitiva.
Desde  su avisaje la princesita los vio venir.
Cuando Patricio entró a la ermita acompañado de tres hombres, les sirvió vino, y cuando todos estuvieron dormidos, Isabella se incorporó para emprender la huida juntos.
A todo galope se internaron en la espesura del bosque.  
Imprevistamente encontraron un extraño grupo de personas, hombres y mujeres, de edades diversas, al parecer alguna caravana de viajeros, que acampaban en el claro. Sentados en circulo, rodeaban una inmensa hoguera al lado de la cual se tendía un cuerpo inerme.
__Deben ser infieles. Tal vez estén en alguna ceremonia demoníaca __conjeturó él.
__Están ocupado en lo suyo. Por lo visto no repararon en nosotros.
__Sin embargo, si de algún modo nos unimos a ellos, pueden ayudarnos a huir lejos de aquí.
Un destello sospechoso se cruzó por la mirada de Patricio. Sabueso de combate se puso en alerta.
__Escóndete. Voy a subirme al árbol para ver. Me parece que hay otro grupo  que se acerca __y luego de treparse para tal fin, agregó al bajar__ son tropas de Eduardo. Han tomado un rumbo raro. Al paso que vienen se encontrarán con estos extranjeros. Quién sabe lo que pasará ahora. Los que dejamos dormidos en la ermita no tardarán en despertar.
Treparon al árbol más tupido y elevado que divisaron. Los infieles empezaron a realizar extraños movimientos y sonidos guturales como parte de un ritual. Desde el  nuevo ángulo de observación notaron que el cuerpo tendido era de una muchacha joven.
En menos de una hora, los soldados reales se precipitaron sobre los extraños. Tal vez pensando  que se trataría de hechiceros, aprovechando su confusión, les asestaron un duro golpe en ataque. Pero aquellos no tardaron en reaccionar y sacar valor y destreza junto a los  cuchillos que escondían sus ropas.
__Tengo una idea __y Patricio bajó tan silencioso como una hormiga.
Isabella lo seguía con la mirada desde la altura del árbol. Vio cómo se acercaba, sin ser notado, al cuerpo de la chica, para arrastrarlo hacia los matorrales del lado opuesto. Alguien trató de detenerlo, pero Patricio lo desmayó de un golpe. Luego, no lo volvió a ver.
A lo largo de intensos minutos de sangre, la  comitiva de Eduardo había pasado por el cuchillo o atravesado por flechas a todos los miembros de aquella secta misteriosa.
Así, los diez guerreros sobrevivientes continuaron su camino, serpenteando el arroyuelo, por lo que muy probablemente se encontraran también con los de la ermita.
Luego de un tiempo que parecía caminar en reversa,  Patricio salió de su escondite. Se dirigió hacia los cadáveres, revisándolos uno a uno.
Luego fue donde su amada indicándole que podía bajar de su guarida.
__El cuerpo de la mujer lo podemos hacer pasar por el tuyo… así ya no te buscarán más. Ningún monarca arriesgaría a la desaparición de un posible heredero a la corona… Es de tu mismo porte, para cuando llegue a la presencia del rey de Verona, ya estará irreconocible. El único problema es el color del pelo… tu rojo es único.
__No hay problema con eso, siempre he usado el cabello tapado. Nadie, a  no ser unas pocas sirvientas, podrán notarlo. Y éstas no serán consultadas. .¿Y cómo harás llegar al cuerpo?
__Voy a ver lo que pasó con los emisarios de Humberto en la ermita. Es posible que la comitiva que pasó por acá los haya encontrado. Si es así seguro que estarán muertos. ¡Vamos!
Emprendieron el camino de regreso a la ermita. Cerca de allí, Isabella se ocultó mientras Patricio se adelantaba a ella portando el cadáver entre sus brazos.
Buscó una altura para realizar un avisaje al lugar. En efecto, alrededor de la construcción estaban sembrados tres cadáveres.
Por lo demás no había movimiento que delatara presencia de personas vivas en el lugar. Los problemas para el buen fin de los planes de la pareja eran demasiados, mas el instinto guerrero de Patricio esperaba demasiado de la fortuna.
Ocultó cerca de la casa al cadáver de la infortunada mujer. Tomó un cuchillo en su mano y avanzó con la imperceptibilidad de la serpiente. Atisbó por la ventana: dentro había dos cuerpos más. Uno pertenecía a su grupo, y el otro a la milicia de Eduardo. De los tres de afuera, dos pertenecían a los de Humberto. Por lo demás el lugar estaba desierto. Patricio se cercioró que todos los que había dejado drogados en la ermita estuvieran muertos. Luego observó las huellas que dejaron tras de sí los sobrevivientes. Seguían una dirección diversa de la que debían realizar los de Humberto de acuerdo al plan original de éste.
Sin nadie que delatara su traición Patricio se apresuró a buscar a Isabella.
__Los enviados de Humberto que me contactaron están todos muertos. Ellos tenían el encargo de buscarnos para luego unirnos con el resto que está esperándonos en un valle a unas cuántas leguas de aquí. Ellos tienen los atuendos reales y tu corona, que guardan desde el saqueo. Si los de Eduardo no se encontraron con ellos, cosa que es muy posible de acuerdo al rumbo que tomaron, deben estar todavía esperándonos. Se supone que te mataríamos cerca de las puertas de Verona, para arrojar allí tu cadáver con una carta para Jerónimo. Mi idea es la siguiente: cerca del valle hay un camino que lleva a una aldea cercana. Irás allí y te harás pasar por alguna aldeana. Te conseguiré dinero. Así puedes buscar albergue y comida por el tiempo que me tome convencer a todos de tu muerte. Hazte llamar…
__Elvira… alguna noble de Verona que fue desterrada junto a su familia, y  asaltada por el camino…. Con esa historia podrás encontrarme.
__De acuerdo. Si algo me pasa, te haré llegar la noticia.
Se abrazaron, casi como una despedida.



Cuando Patricio se encontró con el resto del grupo que le esperaba en el valle, les relató sobre el asalto en la ermita. Se refirió a sí como único sobreviviente que logró huir, y que ante la posibilidad de que recuperasen con vida a Isabella, se había adelantado en darle muerte.
Nadie tenía el más mínimo motivo para dudar. Vistieron con dificultad el cadáver de la mujer con los atuendos reales.
Cuando Patricio pudo tomar alguna de las joyas saqueadas, fue donde había dejado a la princesa oculta y se las dio. La ubicó en la ruta que la llevaría a la aldea en cuestión.
Isabella lo besó suavemente.
__Te espero mi amor…
E inició el camino. Si reparaba en los innumerables peligros que podrían agazaparse en cada lugar donde el verde se tornaba tupido, hubiera desfallecido a los pocos metros. Por el contrario, se concentró en el acto de caminar, un paso tras otro….  
¿Y si Patricio era descubierto? ¿O si pereciera en algún de los impredecibles  combates que se ocultan a la vera de los caminos? ¿si Jerónimo se diera cuenta del fraude del cadáver? ¿si ella no lograba encontrar albergue?  ¿si alguien la descubriera? ¿Si el tiempo pasara y pasara… y su amado no volviera? Si…
Paso a paso.
El arrullo del bosque se preparaba para el anochecer inminente. Si unos bandidos, una serpiente, un lobo…. Fatigada al extremo, paso a paso, divisó de pronto en la semioscuridad una zona de aldeas cercanas.
Llamó a la primera de ellas...
__Señor, disculpe usted, pero me ha sucedido algo terrible. Mi familia, fue emboscada en el camino y a duras penas pude escapar con vida….  ¿Puede usted ayudarme, por favor?
El aldeano, desconfiando, miró alrededor de ella. Tenía los pies hinchados y las ropas casi raídas.
Paso a paso. Al cabo de unos días, gracias a sus propias joyas logró hacerse de una modesta parcela de tierra, para vivir y cultivar, y dos siervos.
De vez en cuándo aparecían algunos viajeros con  noticias de los reinos vecinos. Isabella se concentraba en escucharlo todo a ver si algo hablara de su amante.
El tiempo pasaba sobre el hilo de las circunstancias. Se sembraba, se recogía para volver a sembrar. Se amanecía para volver a anochecer esperando la aurora. Se padecía la crudeza del invierno esperando al nuevo verano que volvía a morir en las garras del invierno. Era el suceso del suceder sucediendo los sucesos… y así, sin principio que anuncia  el fin, ni  fin que a su vez no fuera un inicio.
Todo podría tener un sentido en sí mismo. Al fin de cuenta estaba viva, lucía sus cabellos sueltos y vestía ropas holgadas. Hasta había pretendientes para quien Elvira  representaba una hermosa viuda joven, con una modesta chacra. Ya no era la “princesa fea”. Tenía más ocupación que la de deambular por interminables tertulias, amigos más sinceros de los que jamás conoció en la corte, y el espacio  real de su vida de la que era dueña y señora. Sentía sobre su vida mayor control y poder  que cuando era la princesa Isabella.
Y sin embargo la espera anidaba en su pecho.
Ya había agotado la fantasía representándose la escena ansiada de ver la amada silueta por el camino  a su puerta, ya no quedaban más fuerzas a los oídos para reproducir el galope del caballo que lo traería. Ya había agotado el llanto en el recuerdo de aquel  cuerpo tendido sobre el suyo. Sólo sabía que ese amor fundamental continuaba allí, a la espera.
“Hoy puede ser el día” se decía. Pero la noche congelaba en desilusión y angustia la esperanza. “Hoy no fue el día”… Si quiera alguna vez lo fuera, algún día será el día…
Y su alma estaba atrapada allí, en la piel de Patricio, en  el corazón del bosque.
Paso a paso. Día a día. Mes a mes. Año a año…

Patricio había recobrado las tierras por las que tanto había peleado. Aún le quedaba algo de las joyas robadas en el rapto de la princesa. Y muchas sombras en su alma.
Al poco tiempo  contrajo un matrimonio que duraría poco tiempo. La infortunada mujer murió al parir un enfermizo niño, el cual pereció una horas más tarde.
Sin guerra, sin princesa ni causa por la que luchar, sin familia y sin destino, se entregó a la bebida y a las mujeres.
Él no había faltado a su promesa. En realidad poco después que lanzara el cadáver por las puertas de Verona,  se separó de sus compañeros para buscar a Isabella. Mas accidentalmente su caballo se desbarrancó dejándolo inconsciente en las inmediaciones del camino.
Al día siguiente tuvo la fortuna de ser encontrado por la comitiva de un  cierto señor que lo llevó nuevamente al reino de Verona. Convaleciente siguió la historia hasta allí haciéndose pasar por un ermitaño del bosque.
Habían pasado unos seis meses luego del rapto y cuatro del inicio de la guerra entre los dos reinos.
Cuando hubo de recuperarse emprendió nuevamente la búsqueda de su amada.
Esta vez llegó, efectivamente a la aldea. Preguntó por Elvira y le informaron que una tal Elvira, llegada hacía meses a la aldea… o un año tal vez...  estaba por contraer matrimonio en esos días con un noble de Verona.
El corazón de Patricio volvió a abrevar de las amargas aguas de la desilusión. Ni aún considerando la imprecisión de la información Patricio dio por  verdadera  esta historia, y cerró su corazón sumergiéndolo en el fango del resentimiento. Sus pensamientos recrearon el espejismo de la desilusión del primer amor.
Nada duele tanto ni daña más que una mente  asesina de ilusiones, que busca de dicho modo protegerse de la desilusión. Es el auto cumplimiento de una muerte predicha, provocada en el mismísimo acto de predecirla.


Isabella presentía la presencia de otro otoño. Seguía esperando… pero ya sin esperanzas. Agotada en este ciclo inacabado del día que no es el día, decidió ir a buscar a su alma al bosque.
Patricio, cansado en arrastrar los despojos de su espíritu,  se decidió ir a morir sus penas al bosque.  Llegó cerca de la primavera y encontró desierta a la ermita. No había rastros de nada de aquellos días, y sí algunos utensilios que hablarían de una ulterior ocupación de la misma..
Ella ordenó detener los caballos bajo el sendero que escondía la ermita.
__Voy a cumplir unos votos. Búsquenme aquí en la noche __dijo.
Y comenzó a ascender.
Apenas pudo reprimir un grito cuando se encontró con la silueta de un hombre tendido en la litera. Este se sobresaltó a su vez.
Luego del susto inicial se miraron con extrañeza. Después con incredulidad. Finalmente se fueron acercando poco a poco como si fueran espectros robados de sus propios sueños. Cuando se encontraron lo suficientemente cerca, sus cuerpos no pudieron evitar fusionarse en un abrazo.
__¡Dios mío! __exclamó él __¿Qué estás haciendo aquí?
__No lo sé… es lo único que me quedaba por hacer… tantos años esperándote…
__¡Qué? ¿Me esperabas?
__Todos los miserables días de mi vida… ¿Dónde estuviste? ¿qué te pasó que no diste conmigo?
__Te busqué en cuanto pude. Pero fue justo cuando estabas por celebrar tus bodas…
__¿Mis bodas? ¡Yo jamás me casé!
__¡Cómo que no te casaste! Me dijeron que la señora Elvira estaba por contraer matrimonio con un noble de Verona…
__No tengo idea de lo que hablas. Yo adquirí una parcela y dos siervos.  Vivo del fruto de mi tierra… todo lo que hago es esperarte…
El tiempo había perdido de la mente de Patricio las palabras exactas escuchadas por lo cual dedujo sin más que Isabella lo había olvidado.
El, comprendiendo su craso error, error que sumergió ambas vidas en las aguas del infortunio, quedó enmudecido de dolor.
Ella lo rodeó con sus brazos.
__No importa ya. Estamos juntos de nuevo. No perdamos un minuto más…
El anochecer los encontró como esa noche infinita. Pareció ser la misma, pero habían pasado varias lunas entre ellas.
Varias lunas, varios acontecimientos, varias historias.
Caro pagaron su amor…
Pero construir un amor así es la fortuna más inmensa de todos los mundos.